sábado, 16 de octubre de 2010

Las nutrias

Sé que hace meses que no escribo nada, a pesar de que tengo tanto que contar que podría escribir durante horas. Lo de contar mi vida de esta forma, no es lo mío.
Mencioné la última vez, que en el parque Procé, que está enfrente de mi nueva casa había un lago con nutrias. Mi madre, mi hermano y yo estábamos tan contentos con la ilusión de que
había nutrias en ese lagucho con agua marrón, mientras mi padre nos repetía que aquello sería de todo menos lutrinae, principalmente porque las estos viven en aguas cristalinas y no en parques nanteses.
Muy decididos, cogimos a mi padre y lo llevamos hasta donde vivían nuestras nuevas mascotas, y por primera vez las vimos enteras a la luz.

En efecto, no eran nutrias. Eran ratas de agua. Descumunalmente enormes y con un rabo largo y delgado.


Ahora, mi madre ya no las encuentra monas, le dan mucho, mucho asco. Pero, mi hermano y yo seguimos encontrándolas adorables.

viernes, 20 de agosto de 2010

Nantes está lleno de peluquerías.

Y de pastelerías. Pero sobretodo de peluquerías. Hay una, literalmente, cada cien metros. Lo normal con tanta peluquería sería que fuesen todas muy baratas, pero no. Esperemos que al menos, sean todas absolutamente geniales (Sé que las pastelerías lo son).
La casa nueva es algo más grande que la de Madrid, y de algún modo he conseguido quedarme con la habitación más grande de las tres. En realidad, la más grande es la de mis padres, pero hay un armario descomunal que ocupa la mitad del espacio, así que se queda como la más pequeña.

Anteayer, tras estar unos veinte días viviendo en un piso vacío y durmiendo en camas hinchables, llegaron dos hombres con veintitrés cajitas. Entre ayer y hoy mi padre y mi hermano han convertido este sitio en una casa. ¿Y por qué ellos? Porque en Francia Ikea no incluye el montaje.
Y así tras prácticamente un mes esperando que trajesen los muebles, tenemos todos mesas, estanterías y colchones.

De los alrededores no me puedo quejar: estamos al lado de un parque enorme lleno de patos. Y no solo patos, no. Patos, ocas, pavos, gansos, gallinas y (chan chan chaaaan) nutrias. Luego el centro de Nantes está a unos veinte minutos andando, y por primera vez en mi vida, quiero tener una bici. Tuve una en Bélgica, sí, pero de eso ya hace unos cinco años, y ahora en esa bici parezco un gorila.

Me han cambiado ya tres veces de colegio, y en teoría iba a estar en lo que aquí llaman "quatrième". Razonamiento de un español: quatrième = cuarto de ESO. Pues no. Me estaban bajando DOS cursos. Resulta que estoy en el primer año de lycée, pero para entrar en en lycée que molaba (especializado en cine y comunicación audiovisual y clases de teatro) había que hacer un examen, algo así como la selectividad de España. Y, obviamente, a tres días de que empiecen las clases...


jueves, 22 de julio de 2010

La siniestra casa del señor.

Resulta que tengo una tía-abuela que se escapó de casa con 18 años y se metió a monja. Monja de clausura. Y hoy tocaba visitarla. Yo obviamente he ido obligada, porque al fin y al cabo para mí no es más que una señora a la que no conozco de nada. Pero debo admitir que hoy he descubierto algo: los conventos dan muy mal rollo. En la "sala de espera" (por llamarlo de alguna forma) solo había un cartel en la pared en el que ponía:
"Hermano, una de dos:
o no hablar, o hablar de Dios."

A mí, sinceramente eso me dio miedo. Al lado de la puerta que daba al interior del convento estaba el torno, que era como una mini puerta giratoria de madera de a saber qué siglo, y servía para pasar cosas del convento a los visitantes sin tan siquiera verse. Cuando ya era nuestro turno, nos pasaron la llave para entrar a lo que yo llamaré "la habitación de las rejas". Ya puede uno imaginarse por qué. El caso es que entrabas en esa habitación, te sentabas en una silla de frente a las rejas y esperabas a que al otro lado apareciese quien sea que fueses a visitar.

Ahora bien, imaginad lo siguiente: tú en una habitación pequeña y oscura de frente a unas rejas oxidadas. Al otro lado, aparecen dos figuran encorvadas que se acercan lentamente y te hacen gestos con la mano para que te acerques.
Suena a peli de miedo, ¿verdad? Pues eso veía yo desde donde estaba. En serio, daban ganas de salir corriendo y lanzarte por la ventana.

La madre superiora nos ofreció agua, que nos pasaría por el torno. Mi madre y su primo (que era el que más cerca estaba de la puerta), se levantaron para ir, pero la madre superiora va y dice:
- No no Agustín, que vaya Pili.

Y sorpresa sorpresa, con el agua nos regalaron unas estampitas de la Virgen y Santa Teresa. A esas alturas, yo ya le dije a mi madre que todo aquello me daba mucha grima y que me quería ir.
Lo único bueno de todo aquello, fue que cuando por fin nos íbamos de aquel lugar siniestro, nos dieron huevos. ¡Huevos!
Uno piensa "Pues vaya cosa, unos huevos...", pero esque los susodichos huevos eran de las gallinas que criaban allí mismo, es decir, de los buenos buenos. Hace un rato me he comido dos, y he de decir que aunque no me halla gustado nada el sitio, volvería solo por los huevos del final.

lunes, 19 de julio de 2010

Intro

A veces una se enfada con el mundo y parece que nadie te escucha. Todo te sale mal: el chico con los ojos azules de la otra clase no te hace ni caso, te has dejado los deberes en casa y encima has suspendido el examen de Biología de la semana pasada.
Luego llegas a casa y tu madre te regaña porque tu habitación está hecha un desastre, tu hermano te ha quitado el juego de la PSP y además no quedan galletas de chocolate.

También puede ser que estés tremendamente feliz por algo, pero no es un tema que le llame la atención a tus amigos o familiares.
O puede pasar, como es mi caso, que te queden tan solo un par de semanas para irte a un país nuevo, en el que no hablarás el idioma ni tendrás a nadie con quien comentar los días.

Y ahí están las razones de la existencia de este blog.
Willkommen, bienvenue, welcome.


[End of transmission]