La casa nueva es algo más grande que la de Madrid, y de algún modo he conseguido quedarme con la habitación más grande de las tres. En realidad, la más grande es la de mis padres, pero hay un armario descomunal que ocupa la mitad del espacio, así que se queda como la más pequeña.
Anteayer, tras estar unos veinte días viviendo en un piso vacío y durmiendo en camas hinchables, llegaron dos hombres con veintitrés cajitas. Entre ayer y hoy mi padre y mi hermano han convertido este sitio en una casa. ¿Y por qué ellos? Porque en Francia Ikea no incluye el montaje.
Y así tras prácticamente un mes esperando que trajesen los muebles, tenemos todos mesas, estanterías y colchones.
De los alrededores no me puedo quejar: estamos al lado de un parque enorme lleno de patos. Y no solo patos, no. Patos, ocas, pavos, gansos, gallinas y (chan chan chaaaan) nutrias. Luego el centro de Nantes está a unos veinte minutos andando, y por primera vez en mi vida, quiero tener una bici. Tuve una en Bélgica, sí, pero de eso ya hace unos cinco años, y ahora en esa bici parezco un gorila.
Me han cambiado ya tres veces de colegio, y en teoría iba a estar en lo que aquí llaman "quatrième". Razonamiento de un español: quatrième = cuarto de ESO. Pues no. Me estaban bajando DOS cursos. Resulta que estoy en el primer año de lycée, pero para entrar en en lycée que molaba (especializado en cine y comunicación audiovisual y clases de teatro) había que hacer un examen, algo así como la selectividad de España. Y, obviamente, a tres días de que empiecen las clases...